
Yo me imaginaba siendo comunicadora social enfocada en el periodismo, y la mayoría de personas que me conocen desde niña pensaban algo similar por mi personalidad extrovertida, mi capacidad de entablar conversaciones con otros y sacarle tema literalmente a cualquiera que tenga al lado y si no tengo a nadie al lado, pues hablo conmigo misma (cosa por la que mi hermana siempre se ha reído de mí).
Pero la vida tenía otros planes conmigo; a los 16 años conocí el trabajo social y comencé a involucrarme en temas sociales con niños y niñas, me dolían las injusticias, no entendía porque muchos no contaban con lo básico para su subsistencia, sentía la enorme necesidad de hacer algo, de cambiar un poquito ese mundo gris que a muchas personas les toca vivir.
Y definitivamente lo del trabajo social y yo fue como amor a primera vista, mi corazón sabía que ese era el camino, pero pues como apenas estaba en el colegio hablaba con mis amiguitas, mi familia, conocidos y siempre escuchaba comentarios y recomendaciones de estudiar algo que sirviera un poquito más, que hiciera algo con lo que pudiera ganar más dinero, acompañado de preguntas como ¿y qué es el trabajo social?, ¿de eso si vive uno?; pero la respuesta más sensata la tuve de mis papás y mi hermana donde ellos siempre me aconsejaron y alentaron a estudiar lo que me hiciera feliz.
Gracias a ese respaldo de mis papás, sentía mucha seguridad y en el fondo sabía que si en algún momento me daba cuenta que ese camino no era el correcto ellos iban a estar ahí para apoyarme; cuando escribo esto me doy cuenta lo privilegiada que soy por tener las oportunidades y unos papás que han hecho siempre unos esfuerzos gigantescos para ofrecernos una vida feliz y plena a mi hermana y a mí (mami y papi si están leyendo esto los amo mucho, yo sé que obvio lo están leyendo porque son mi comité de aplausos).
Durante toda mi carrera y cada semestres me daba cuenta de lo feliz que me sentía y todas las ganas que tenía por hacer un trabajo impecable, con amor y mucha determinación; además de eso acompañar procesos sociales mientras estudiaba afianzaba mucho mi decisión y pues siempre me imaginaba trabajando en ICBF, liderando procesos de infancia y adolescencia.
Pero como todo no es color de rosa, llegó un momento que fue en mi último año donde me deje llenar de dudas y preguntas, veía el panorama bastante difícil para conseguir empleo cuando terminara la universidad y sentía que no era lo suficientemente buena y hablando con mis papás les planteaba la idea que tenía de estudiar otra carrera apenas me graduara, y nuevamente mis papás me respaldaron y me manifestaron que me apoyaban en la decisión que tomara.
Cuando me gradué estaba muy feliz pero a la vez con un miedo inmenso de no saber qué iba a hacer con mi vida; todavía me pregunto porque sentía que a mis 23 años tenía que tener mi vida resuelta, en medio de esa confusión y estando fuera del país, comencé a soñar con Superhéroes por Colombia (un sueño que tenía guardado hace mucho) y donde solo quería recoger donaciones para entregarlos a fundaciones y grupos sociales en Medellín.
Y en ese momento la vida me recuerda que el trabajo social me eligió a mí, porque me pregunté ¿y yo estudie cinco años y medio trabajo social para esto? Sentí esa inmensa necesidad de darle valor y posicionar mi profesión, además de hacer algo totalmente retador para mí que era emprender.
Ser una trabajadora social emprendedora, un camino bastante retador pero el cual ha sido maravilloso y lleno de sorpresas y lo principal he aprendido a conocerme, he crecido a nivel profesional y personal, donde he tenido que madurar entender que esa intensidad mía con todo, el poder sentir el dolor del otro, ser capaz de mostrar mis emociones eran cosas que me reprochaba e intentaba cambiar porque las veía como mi mayor debilidad, pero ahora entiendo que son mis más hermosas cualidades que me han llevado a cumplir cada uno de los sueños o ideas que se me ocurren.
Porque tomé la decisión de ser trabajadora social una profesión que no solo trabaja con otros sino con uno mismo, de entender que para trabajar con otros también debo trabajar en mí, de aprender de cada uno de los niños, niñas y familias que llegan a mí vida.
Entendí que a pesar de que en muchas ocasiones la parte económica es difícil, que aún siguen acompañándome algunos miedos e inseguridades; pero a pesar de todo sigo creyendo que el trabajo social me eligió a mí, para creer en la magia y en las cosas maravillosas que suceden cuando uno toma la decisión de hacer lo que lo hace feliz, porque además mi deseo de compartir amor, de hacer posible un mundo más justo, inspirar a otros a hacer lo que aman, todo eso me llena el alma y esos miedos, inseguridades y frustraciones van pasando a un segundo plano y la parte económica se va resolviendo, porque ser feliz y hacer felices a otros es mi verdadero propósito.
Finalmente gracias a mi familia que todos los días creen en mí y lo que hago, a mis mejores amigos que se han subido también en este barco de sueños, a mi equipo de trabajo que todos los días me apoyan y hacen que me sienta orgullosa de ser trabajadora social.
Agradezco también a las trabajadoras sociales que han pasado por mi vida y han dejado una gran huella en mí, como lo son Carolina, Ana Zapata, Aleja Torres, Vivi Vásquez gracias a ustedes he podido construir, aprender y me han apoyado para ser lo que soy hoy, las quiero y admiro profundamente
A mis practicantes María Clara Saldarriaga y Manuela Goez nunca paren de soñar, de creer que las cosas son posibles, por enseñarme y por permitirme acompañarlas en este proceso de aprendizaje y tener la paciencia de entender que yo también continuo aprendiendo, las quiero muchísimo.
Que feliz y orgullosa me siento de ser trabajadora social.
